Todos Somos Otelo

 “Quien bien te quiera te hará sufrir”, que sucede cuando la felicidad es constante, una línea recta moviéndose inagotablemente hacia el infinito. ¿Cielo o infierno?, quizá ninguno de los dos, tan solo un sueño, dormitando en la recta apenas perceptible de la constancia.

Por regla general, la constante exposición a un estímulo disminuye nuestra irritabilidad (capacidad para reaccionar) al mismo; la familiaridad es una sombra apenas gris pero voraz que sublima la euforia y la locura deliciosa. Desde los sabios de antaño los hombres intuimos y “conocemos” nuestros contrastes. Un mundo como un vals que zigzaguea entre opuestos. Un dipolo constante de la sombra y la luz, arriba es abajo y el largo etcétera que lo sucede.

Nuestra capacidad para: admirar la belleza, para sorprendernos, para ver las cosas por primer vez es un regalo que nos trae infinitos años de supervivencia como especie; y una evolución conjunta como colectivo. Detectar cualquier cosa “nueva” en nuestro alrededor, especialmente cuando “nuevo” solía ser sinónimo de potencialmente peligroso, fue lo que más tarde cuando llegó la calma de nuestra aparente supremacía y dominio frente a nuestro entorno. Cuando pudimos sentarnos y contemplar encontramos en esta misma habilidad un solaz para penetrar con deleite en las profundidades de un atardecer y sus luces. Pero la maravilla de mirar algo por vez primera, para muchos, no sobrevive a la segunda vista, o la tercera y así.

Por citar un ejemplo entre tantos: hablo sí, ¿por qué no?, del ser amado, esa persona que nos elevó en un encanto de euforia, que baño nuestro hipotálamo de un torrente psicodélico de dopamina haciéndonos adictos a su presencia, a su contacto. Amar en el siglo XXI inmersos entre la sobre-estimulación sensorial brindada por:  la publicidad, la tórrida información y las ocupaciones fútiles de nuestro día a día conlleva un deseo de intensidad. Cuando todo es ruido solo se distingue el grito, ese algo que logre sacar la cabeza entre la multitud, esto es lo que nos hace especialmente sensibles a las emociones fuertes, al grito. Amar en el siglo XXI es pasión y choque, esto está bien; ¿por qué no? pero con esto se nos cuela entre cejo y cejo cuando invitamos a pasar el amor; el miedo, ese miedo a que llegue la calma, la desidia y el aburrimiento.

Sin embargo, el reposo no es más que una forma distinta del movimiento, nada está quieto,

CF028172todo pasa , todo deviene, nadie se baña dos veces en las aguas del mismo río”, Heráclito

 

 

Nunca besamos dos veces los mismos labios, no podemos asir al ser amado porque siempre muta. Frente a nuestros ojos está cambiando aunque a penas podamos notar sus pasos ahí donde está quieto. No somos felices siempre, no siempre reímos. Navegamos como sobre las olas, entre altibajos junto con la marea. Nos enamoramos cientos de veces de la misma persona. Siempre es un viaje pero la conciencia cambia, nunca se está más vivo que cuando se baila con la muerte. Cuando el peligro acecha nuestros ojos se abren, nuestras pupilas se dilatan, nuestros músculos se tensan, esperamos la sorpresa, estamos alertas, por una vez estamos conscientes, estamos observando allí donde solo mirábamos con ojos a media asta como en sueños. Pero así es todo; solo los niños entraran al reino de los cielos…se trata de conciencia, de estar despiertos, ver todo un universo nuevo y recreándose a cada instante, con cada segundo que nace. Estar Despiertos…

Un rencor sordo producido por la imposibilidad de estar en cada uno de los rincones de la vida del otro. El amor es una suerte de apetito voraz, un anhelo profundo de unificación, de fundirse en la esencia del objeto amado. El amor intenta poseer la criatura a la que profesamos amor en todos sus universos posibles, en todos sus tiempos. Pero aunque estemos en su presente y nos proyectemos segundo a segundo, paso a paso hacia su futuro, hay una dimensión desde la que nunca podremos asirlo, su pasado. Estamos irremediablemente desterrados de su pasado.

 

Los Celos retrospectivos, tan propios del género humano, son quizá los peores, puesto que el pasado es inmodificable juega un rol de ausente presencia, siempre al acecho para soltar la ira ante cualquier provocación desde el recuerdo. Los sentimientos al hacerse constantes, buenos o malos, en placer o displacencian mutan, crecen, se mueven, se replantean en términos de pluralidad. Los celos retrospectivos vendrían  a ser la sublimación de los celos, un sentimiento irracional y absurdo.

Diferentes en el hombre que en la mujer, los celos retrospectivos se centran desde perspectivas casi encontradas aunque con el mismo objeto de odio. Mientras que en el hombre los celos se generan ante la tentativa imaginaria del roce sexual de su pareja con antiguos amantes; experiencias de las que él, quien aún no aparecía en la vida de esta dama, se siente minimizado, ninguneado al mirar la posibilidad de que él esté interpretando algún papel ajeno en aras del deleite sardónico de la dueña de su amor.

En la mujer; si bien la parte sexual interviene lo cierto es que sus celos se centran mucho más alrededor del canibalismo afectivo, de la sensación de haber llegado tarde a la vida de un hombre y recoger los aplausos que dieron ya a otra dama de la que ella es no más que un insuficiente reemplazo. Una vez probado el hallazgo en este hombre de unos sentimientos únicos y originales que tan sólo la chica, elegida una entre miles, fue capaz de hacer florecer. De ahí el que las mujeres no sólo acepten de buena gana el pasado sexual de un hombre, sino que en ocasiones los divinicen con una silente admiración por este hombre experimentado y cientos de veces probado en otros brazos quizá más exigentes.

El amor de él o ella es la suma de todos sus amores. Canciones entonadas por otras voces. Ella y él son la suma de todos sus deleites. El cuerpo aprende y nuestros orgasmos son la suma de todos los orgasmos, existidos, experimentados o soñados. El devaneo de su cuerpo está contorneado por miles de caricias ajenas, más que todo…en sus emociones; esas que despiertan en cada recuerdo raudo y provocador, están las manos desconocidas, su aroma está anegado de otras lunas, sobre sus escenarios, tan sólo puedes poner tu oreja en la pared de su ayer y escuchar el eco agigantado de todos sus goces.

 Quizá la tan añorada paz de una pareja no sea más que el símbolo inequívoco de la muerte. Lo que está vivo está siempre moviéndose. El movimiento genera calor, y la calidez de esos mismos ojos puede tornarse en llamarada cegadora. Amar es un apetito voraz, un juego de canibalismo donde subyace el deseo de incorporar al otro, de meterlo dentro nuestro, no sólo simbólicamente, sino efectivamente en toda su vida física y espiritual. Queremos ocupar su vida siendo el objeto máximo de su adoración. Cualquier cosa anterior a nuestro beso no es más que error, yerro y infantilismo infausto.

Para tristeza de muchos, el intento está de antemano condenado al fracaso. Las barreras de la individualidad no pueden franquearse. El otro, por mucho que nos ame, tendrá siempre una parcela de su vida en cuya narrativa no está incluido nuestro nombre.

 Los celos retrospectivos, crecientes e irresueltos por su misma naturaleza, al no poderse tragar el pasado del ser amado nos empezará a corroer a nosotros mismos. Envenenándonos primero de una suerte de agresión pasiva-agresiva, y posteriormente de una venenosa tortura. Matándonos con la misma virulencia de una enfermedad del corazón.

Los celos tan sólo se experimentan cuando se está enamorado, si no, no hay amor. El amor parece implicar una actitud constitutiva del género humano, el deseo de posesión absoluta  y la ferocidad de agredir cualquier cosa que nos retire de esa misma condición. Así que esa pasión enfermiza agredirá a los fantasmas del pasado que lleva encima como un hálito vagido de otros seres.

MEDUSA

 Al parecer no se puede extrañar lo que siempre se tiene. No se puede simplemente amar en una aburrida e insustancial continuidad. El corazón danzando un vals sobre las brazas de la ira, la pasión desmedida y adicta. El exceso, la tristeza y la sonrisa, eso ; esa conexión con tu yo más animal, más primitivo y posesivo es lo que enciende nuestras flamas con verdadero amor. Esto me saca de una para dejarme la duda: ¿que sucede con el hombre realmente civilizado? Ese esclavo “correcto” en todo, perfectamente viable y sin notorios defectos, seguridad, calma, sosiego, ¿son los precios de una vida enamorada?

Un paseo Bohemio y Colonial: Omnisciesta – Julianni Ariza

para Canción de Furia

para Canción de Furia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OMNISCIESTA

Noctámbulo y vago, en buena compañía, transito entre suspiros y contemplaciones las calles de la enamorada zona colonial de Santo Domingo. Sus callejuelas de toque antiguo y retraído, adoquines donde antaño se escuchaba la coz de los brutos que tiraban de encantadores carruajes por las calles de las que ahora, como una fortaleza de piedra y luces amarillas que emulan el crepitar de las llamas exiguas de añoradas antorchas, guardan las voces quedas y elocuentes de la vida nocturna y artística de la ciudad. Una caterva de bohemios que, entre espumas y humos, elevan su cortejo al arte que bebe las voces que guardan las piedras de la ciudad colonial.

1530573_10153699421445705_502779045_nEsta vez la noche me ha llevado al interior de una exposición de arte que apenas notada se crece hablándonos de identidad y costumbres; de un alma que se expresa liberándose de las prisiones del lienzo y buscando ser tocada en sus fondos más esenciales. Se expresa con las mismas canvas, los mismos lienzos, a la escultura y el montaje, me refiero a la exposición individual: “Omnisciesta” de la joven artista dominicana Julianny Ariza Volquez, quien a sus 26 años exhibe unos rasgos de inmensa madurez. No madurez como un signo inequívoco de haber llegado a parte alguna, sino como la rama aún naciente de unas fuerzas y espíritus artísticos que prometen un enorme árbol de vida al arte.

 

996973_10153496601075705_1593148851_nAquí el objeto es la distracción, una piel bajo la que se expresa en el silencio de las formas, la elocuencia de las texturas, las luces, las sombras, el ambiente mismo. La sala de exposiciones no es un contenedor; en manos de esta obra compuesta las paredes son parte del discurso. Das los primeros pasos por la sala anegada de sombras y te encuentras ahí parada frente a ti unas formas claramente humanas, de rasgos negroides, labios y nariz relajada, mandíbula suelta, ojos cerrados/vendados. Encuentras el símil y la relación que empieza a tejerlas con unidad: carecen de nombres propios. El uso de los mismos materiales con una avanzada de gradaciones por las que pretende deslizarse la luz sin excitar con colores más allá de los térreos, colores que nos hablan del Golem primigenio, el hombre nacido del barro, conectado aún con el útero de la tierra. Un hombre aún inocente que duerme un sueño de conciencia, antes del primer pecado de un hombre y una mujer que comieron del árbol del conocimiento, bien pareciéndose más a dios, pero echados del paraíso. Estas formas vuelven a recordar el paraíso oculto de nuestra conciencia, no sin un dejo de tristeza al encontrar en el silencio a las voces, en la expresión artística si bien nacida de cierta improvisación, como se improvisa en los lienzos de la cama. Late en ella y gime la relación harto conocida de: lo que mana de la fuente no puede negar de donde procede.

1476464_10153496600465705_558315023_nEn cada obra humana el hombre mismo se plasma, deja en ella impresa sus huellas, no puede borrar el vestigio, ese algo que lleva consigo del creador, así es el arte. En esta obra Omnisciesta encontramos un sólo vocativo, en una palabra cuya semántica parece compuesta por las partes, Omni como TODO; y Sciesta, cuyo origen parece incierto pero sugiere el sonido compartido por varias lenguas para SIESTA, que bien podría aplicarse como “el sueño que todos compartimos” / “el sueño de todos” “El sueño del todo”. De entrada la exposición nos habla desde las penumbras que rodean la exhibición, la joven artista se pasea como una gata tranquila y vaga por entre las esculturas; apenas habla.

1382344_10153377011410705_539120439_nSe divierte escuchando las interpretaciones de los usuarios, direccionados por un único nombre OMNISCIESTA. En sus narrativas, símiles e historias la artista re-descubre su propia obra, se entera de cosas que ni sabía y mira otras por donde caminó pasándolas por alto.

Si miramos la exposición como un viaje en el tiempo en donde la quietud de las obras se interpreta como una fotografía de un momento de algo que está vivo y sigue hablando desde su escena bajo la luz. Aquí las obras se miran, se tocan, parece que van a besarse; se pierden entrelazados en un abrazo que se alza como una espiral; visten de gala mientras entre ramas caminan ataviados por un velo bajo una blanca luz que las lleva ¿a dónde ? ¿al paraíso de una mujer?

1464023_10153504720645705_1162008908_n

La artista Julianni Ariza, sin duda se plasma más allá de sus conceptualizaciones, en cada una de estas obras, una Afro-Dominicana que esconde el sol y el salero de los mares tropicales bajo su piel tostada; lleva el pelo ensortijado y crispado en un peinado afro con orgullo. Así su obra se estiliza dentro del mismo marco negroide, hijos de su madre a toda certeza, escenas informes y anónimas donde dos rostros que caen hacia un mismo punto parecen besarse.

1460217_10153496547340705_1114710529_nUna figura yace tirada con los brazos abrazando su propio cuerpo y cabizbaja al acecho de un rostro enjaulado, preso dentro de su propia cabeza, quizá una ventana angosta desde una celda. Llueven lágrimas como ascuas negras bordadas en encajes blancos, tal vez una insinuación a una relación Amor-Odio.

 

 

 

 

1982043_10153886477955705_583094980_n Dos figuras de formas femeninas y masculinas respectivamente se entrelazan en un abrazo sobre una tripa de lana que simula un jardín. Las manos abiertas al cielo como quien clama y recoge los retazos de ambos: “Amor, yo seré fuerte por los dos”. Ambos parecen dormir un sueño privado y elusivo, sus rostros quedos sugieren cierta calma en la ignorancia de una realidad.

554721_10153496548500705_133526175_n 1425533_10153504717610705_1486822932_n

 

 

 

 

 

 

 

Allá clavado a la pared una cara sale a recibir la mirada del público con un rostro dormido, un dejo de tristeza se pasea entre sus rasgos y nos cuestiona desde nuestra propia curiosidad.

1468504_10153504718190705_2018528893_nLa obra no sólo habla desde lo profundo de su creadora, no es una misiva desde destino incierto. Las obras son todas manos que allí dentro de sus penumbras nos invitan a soñar, a soñar muy dentro.

 

 

 

 

 

 

Reseña de la Exposición OMNISCIESTA, de la artista dominciana Julianni Ariza en el centro cultural de España, durante el mes de Enero de 2014.

 

_ Juan José Da-Silva & Feliz

 

Lo que sucede en Venezuela

Una manera simple de entender la caída de un régimen